La Patagonia es un territorio inmenso donde el viento parece escribir poemas invisibles. Es una región que invita a dejarse llevar por su soledad luminosa, por sus horizontes abiertos y por una naturaleza que aún late con fuerza primitiva. Aquí uno siente que el mundo es más grande, más puro y más silencioso.
Qué visitar
Bariloche y el Parque Nacional Nahuel Huapi

Un encuentro perfecto entre montañas, lagos cristalinos y bosques. Bariloche combina naturaleza con una elegancia alpina que enamora: chocolaterías, casas de madera, miradores como el Cerro Campanario y atmósferas románticas frente al Lago Nahuel Huapi.
El Chaltén – el pueblo del trekking

Un lugar joven, pequeño y encantador, donde las montañas parecen guardianes majestuosos. Senderos como Laguna de los Tres o Laguna Capri ofrecen vistas inolvidables del Fitz Roy. Es ideal para quienes buscan aventura suave y paisajes que emocionan.
Península Valdés

Una experiencia íntima con la vida salvaje: ballenas australes que se acercan a metros de la costa, pingüinos caminando con ternura, elefantes marinos descansando al sol. Un santuario natural que sorprende por su calma y su vitalidad.
Ruta 40

Una carretera que atraviesa montañas, valles, mesetas, glaciares y pueblos solitarios. Un viaje lento, contemplativo, que regala silencios y amaneceres infinitos.
Costumbres y esencia
El espíritu patagónico es reservado, noble y profundamente conectado a la naturaleza. El mate es compañero inseparable del viento. Se respetan los tiempos del clima, las distancias largas y la calma del paisaje. La hospitalidad es sencilla pero sincera.
Gastronomía (ampliada)
- Cordero al asador y guisos reconfortantes.
- Truchas frescas de lagos limpios.
- Ahumados artesanales: salmón, ciervo, jabalí.
- Postres con frutos silvestres como la mora, el maqui o el calafate.
La Patagonia invita a comer lento, a disfrutar cada bocado frente a un paisaje que parece eterno.