Nuestro viaje a Egipto no solo fue romántico, fue un viaje de esos que llamamos “eternos” y profundamente sensorial. Sí, porque Egipto no es solo un destino. Es un latido antiguo. Un susurro del tiempo que todavía vive en la arena del desierto, en la mirada serena del Nilo y en la sombra de templos que fueron levantados para la eternidad.
Quien viaja a Egipto no camina: flota entre mitos, dioses, reinas y el eco de civilizaciones que jamás se apagaron. Desde niña soñé con visitarlo, era un sueño y otro de los viajes programados con mi padre que desgraciadamente no llegamos a realizar nunca.
Este viaje fue inesperado, lo decidimos en días y con una maleta y mucha ilusión, nos embarcamos en la mayor ilusión de mi vida. Mi padre ya no estaba, pero estaba mi marido. Él poco amigo de la historia, quedó muy impresionado e incluso maravillado por tanta belleza. Tuvimos la gran suerte (Baraka en árabe) que significa bendición o regalo divino de tener un guía maravilloso a quien llaman” el Faraón”. Persona culta y totalmente enamorado de su país, que pudo responder todas las preguntas que le hicimos. Lo que si os digo es que nos enseñó mucho, él estaba encantado explicándonos todo, vivía el momento y era como si se desplazara al pasado con cada respuesta. Le recordamos con mucho cariño.
Te explico un poco cada lugar:
El Cairo es un universo vibrante, caótico, apasionado. Nada parecido a lo que conocemos.
Aquí, la modernidad y la antigüedad comparten el mismo aire aromatizado con especias, café y misterio. Donde el presente abraza a la historia y regresa a un mundo que creíamos ya perdido pero que allí existe aún y late cual corazón a cada paso.
Las Pirámides de Giza
Ellas son majestuosas, implacables, perfectas. La mirada se eleva y sin querer,(bueno más bien queriendo )impresiona por su magnificencia y otra vez mil preguntas sin respuesta afloran en tus labios.
Y en aquel momento y lugar uno siente que el tiempo deja de existir. La Gran Esfinge observa en silencio, como si conociera todos los secretos del mundo
El Museo Egipcio
Visitamos el antiguo Museo, el nuevo estaba aún en construcción, la visita me pareció un segundo.
Yo me habría quedado horas y horas recorriendo sus pasillos, sus tesoros sin fin, las momias, las estatuas, joyas, sarcófagos…Cada pieza es un poema tallado en piedra.
El Cairo al anochecer
El sonido de la llamada a la oración flota sobre las azoteas, las luces tiemblan en el aire cálido y la ciudad respira con su ritmo propio, un ritmo antiguo y magnético.
El Nilo: la arteria eterna del país
Navegar por el Nilo es entregarse a la suavidad del mundo.
Las aguas avanzan despacio, suaves que parece que acarician y agradecen nuestra llegada, reflejando las palmeras, los minaretes y aldeas de la orilla que parecen pinturas de acuarela.
El crucero por el Nilo fue un viaje romántico por excelencia y nos ofreció a nuestro paso:
- Tardes doradas,
- Noches placidas y silenciosas,
- Paisajes que se deslizan suavemente
- Templos que asoman como guardianes del pasado.
Luxor: el corazón sagrado
Templo de Karnak
Un bosque de columnas gigantes que hacen sentir a la persona que lo visita pequeño y maravillado.
Ojos inmensamente abiertos, otra vez con mil preguntas sin respuesta, una vez más maravillados!
De algo estábamos seguros, aquí nació la devoción, el arte y la arquitectura de los faraones.
Templo de Luxor
Esplendor puro al atardecer.Las piedras se tiñen de rojo y oro mientras el sol se despide del día.
Caminar por su avenida de esfinges es como entrar en un sueño.
Valle de los Reyes
Visitamos el valle de los Reyes. La tumba de Tutankamón (aunque él ya estaba en el museo) y otras joyas ocultas durante siglos.
Cada cámara es un susurro del más allá, una historia escrita en colores que desafían el tiempo
Asuán: la calma profunda
Asuán tiene una belleza tranquila, sosegada, elegante, espiritual.
Las aguas del Nilo se vuelven más azules, las montañas del desierto se acercan al río, y el silencio parece perfecto y tranquilizante para poder asimilar tánta belleza.

Templo de Philae
Dedicado a Isis, diosa de la magia y el amor. Un templo delicado y armonioso que flota sobre el agua.
Es uno de los rincones más románticos de todo Egipto.
Paseo en Faluca
Esta es una experiencia que no debes perderte. Navegar en una faluca, movida solo por la brisa y el canto del viento, es una experiencia poética y profundamente pacífica.
Abu Simbel: la grandeza absoluta
Mi visita favorita (creo que estamos ambos de acuerdo) Son dos templos gigantescos tallados en la roca, cual guardianes eternos del desierto.
Ramsés II y Nefertari miran al infinito, orgullosos y majestuosos, como si todavía gobernaran. La luz del amanecer sobre Abu Simbel es un espectáculo sagrado:
oro sobre piedra, silencio sobre historia, eternidad y amor
Egipto enamora también a través del paladar
🍲 Koshari: Arroz, pasta y lentejas .
🧆 Falafel: Crujiente y delicioso.
🌯 Shawarma: Aromático.
🍃 Té con menta: Servido con cariño
*** Es una cocina cálida, sincera, que invita a compartir y disfrutar.
Costumbres, alma y esencia
Los egipcios son hospitalarios, amables y orgullosos de su historia. Te reciben con sonrisas, con té, con historias que viajan miles de años hacia atrás.
Creen en la familia, en las tradiciones, en la magia de su tierra y en la fuerza del Nilo.
Son un pueblo que ha aprendido a vivir entre desiertos, dioses y sueños.
Egipto en pocas palabras

Egipto es emoción pura. Es un país que acaricia el alma, que deslumbra con su grandeza, que emociona con su delicadeza y que deja huellas profundas en quien lo recorre.
Es un viaje que no se olvida.Un destino que se queda para siempre. Egipto no es solo su pasado. Es una memoria viva.
Sus templos siguen de pie, su arte sigue emocionando, su religión sigue inspirando, su Nilo sigue latiendo como desde hace milenios.
Porque Egipto no se abandona nunca. Se queda en tu memoria, en tu piel, en tus sueños.
Y siempre, siempre volverá a llamarte.Si eres amante de la historia, de sus pirámides, de esta cultura, no lo dudes será el viaje de tu vida.
Yo estoy segura de que muy pronto volveremos a vernos, Hurgada nos espera!